[Infografía] Esófago de Barrett

El esófago de Barrett y su seguimiento endoscópico puede plantear algunas dudas de manejo, así que le he dado unas vueltas al asunto, teniendo en cuenta, además, que en mi área sanitaria podemos solicitar endoscopia desde Atención Primaria.

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Esófago de Barrett

Lo fundamental está en la infografía, pero añado algunas ideas interesantes (bibliografía la final):

  • Las cifras de prevalencia de esófago de Barrett (EB) son variables según la fuente, la región geográfica y, sin duda, la definición empleada: por ejemplo, las sociedades científicas estadounidenses solo consideran como tal las metaplasias de epitelio columnar con células caliciformes (globet cells). Sin embargo la British Society of Gastroenteroly, es menos restrictiva y considera también EB la mucosa de tipo cardial (epitelio columnar sin células caliciformes). La riesgo de adenocarcinoma está bien establecido en el primer tipo (metaplasia intestinal), pero no tanto en el segundo.
  • La presencia o no de displasia, y el grado de ésta, es el principal hallazgo para determinar la actitud terapéutica o el seguimiento.
  • El cribado realizado en pacientes con enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) es una estrategia clásica, orientada a la disminución de mortalidad por adenocarcinoma de esófago, que tiene mal pronóstico cuando se diagnostica en fase sintomática. Sin embargo, no hay pruebas con alto nivel de evidencia de que esta estrategia sea efectiva. Por ello, la mayor parte de las recomendaciones para cribado en ERGE van orientadas a una estratificación según factores de riesgo conocidos (≥50 años, raza blanca, sexo masculino, hernia de hiato, IMC elevado, obesidad central, tabaquismo). Existen algunas escalas de riesgo, sobre las que no hay conclusiones claras. Con todo, el impacto será limitado, ya que aproximadamente el 40% de los adenocarcinomas de esófago se presentan en pacientes sin historia de ERGE, y menos del 10% tenían diagnóstico previo de EB.
  • Las recomendaciones para el seguimiento del EB son más claras y consistentes que para el cribado, pero las dificultades no terminan ahí: el diagnóstico de displasia (y su gradación) está sujeta a sesgos interobservador, y limitaciones según la toma de biopsias, por lo que se sugiere la confirmación del diagnóstico por un segundo anatomopatólogo. Aún queda por confirmar la validez de técnicas más avanzadas de endoscopia y estudio histológico. Y, finalmente: el seguimiento endoscópico aumenta la detección de displasia y cáncer, pero no se ha demostrado (aunque los datos así lo sugieren) que disminuya la mortalidad por adenocarcinoma de esófago. Los estudios que muestran beneficio son observacionales o de baja calidad, y con una probable tendencia a sobreestimarlo (Rubenstein J H, 2015).
  • Se recomienda tratamiento farmacológico para control sintomático con inhibidores de la bomba de protones (IBP) en pacientes con EB, y hay datos indirectos o estudios observacionales que orientan a una disminución del riesgo de displasia y adenocarcinoma. No obstante, esto no ha sido demostrado en ensayos clínicos randomizados. La cirugía antireflujo (fundoplicatura) no se ha mostrado superior a los IBP para prevenir cáncer. Todo esto puede plantear algunas dudas a la hora de tratar pacientes asintomáticos, aunque la tendencia es a recomendarlos (tras informar de riesgos y beneficios). ¿Dosis? La guía clínica de la American Gastroenterology Association (2014) no recomienda dosis mayores de las convencionales, salvo que la sintomatología lo justifique.

Esofago de Barrett infograph

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Bibliografía:

  1. Stuart J et al. Barrett’s Esophagus. N Engl J Med 2014;371:836-45.
  2. Splittgerber M, Velanovich V. Barret Esophagus. Surg Clin N Am 95 (2015) 593–604
  3. Sostres C et al. Cribado de adenocarcinoma en el esófago de Barrett: ¿sí o no, cuándo y cómo? Gastroenterol Hepatol. 2013;36(8):520-526
  4. Rubenstein JH. Surveillance in Barrett’s Esophagus. Utility and Current Recommendations. Gastroenterol Clin N Am 44 (2015) 285–297
  5. Gupta M. Screening for Barrett’s Esophagus. Gastroenterol Clin N Am 44 (2015) 265–283.

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